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Acts_22

Hechos 22

22.1-16 Pablo habla a los judíos de Jerusalén

1 Pablo dijo a los judíos:

¡Atención hermanos y líderes de Israel!

Yo no hice nada malo.

Yo explicaré a ustedes qué pasó.

2 Pablo habló en Arameo, el idioma de los judíos.

Por eso los judíos prestaron atención a Pablo.

Pablo dijo:

3 Yo soy judío.

Yo nací en la ciudad de Tarso en la región de Cicilia.

Pero yo crecí aquí en Jerusalén.

Yo estudié con Gamaliel, uno de los profesores de la ley más famosos.

Yo aprendí a obedecer toda la ley y las costumbres de nuestros antepasados.

Igual que ustedes, yo también quise obeceder a Dios en todo.

4 Yo causé muchos problemas para los creyentes en Jesús.

Yo llevé a la cárcel y ayudé a matar a muchos hombres y mujeres.

5 El sacerdote más importante y todos los líderes del Consejo Religioso pueden testificar que esto es verdad.

Un día los sacerdotes y los líderes me dieron su autoridad para ir a la ciudad de Damasco.

Yo fui a Damasco a buscar a los creyentes.

Mi objetivo era traer a esos creyentes a Jerusalén para castigarlos.

6 A las 12 del día, yo estaba en el camino cerca de Damasco.

Pero una luz apareció alrededor mío.

La luz venía del cielo y era muy brillante.

7 Yo caí al piso.

Después yo escuché una voz que me decía:

“¿Saulo, Saulo por qué tú peleas contra mí?”.

8 Yo dije:

“¿Señor, quién eres tú?”.

La voz dijo:

“Yo soy Jesús de Nazaret.

Tú piensas que tú estás atacando a las personas que creen en mí.

Pero, en verdad, tú me estás atacando a mí”.

9 Unos hombres viajaban conmigo.

Estos hombres vieron la luz pero no entendieron el mensaje de la voz.

10 Yo dije:

“¿Señor, qué debo hacer yo?”.

El Señor dijo:

“Tú debes ponerte de pie e ir a Damasco.

Allí una persona te contará mis planes para ti”.

11 Yo quedé ciego por la luz y no podía ver nada.

Por eso mis amigos me ayudaron y me llevaron de la mano hasta Damasco.

12 Un hombre de nombre Ananías vivía en Damasco y obedecía la ley.

Todos los judíos de Damasco hablaban bien de Ananías.

13 Ananías vino a visitarme y me dijo:

“Amigo Saulo, ¡ahora tú podrás ver otra vez!”.

Inmediatamente yo pude ver a Ananías.

14 Después Ananías me dijo:

“Nuestro Dios es el mismo Dios de nuestros antepasados judíos.

Dios te escogió a ti para

  • saber su voluntad,
  • ver a Jesús (la persona que nunca pecó) y
  • escuchar su voz.

15 Tú darás testimonio a todas las personas que Jesús resucitó.

Esa es la voluntad de Dios para ti.

16 Ya es tiempo

  • de creer,
  • de confíar en el Señor Jesús y
  • bautizarse.

Así Jesús olvidará tus pecados”.

17 Después de mi viaje a Damasco

  • yo vine a Jerusalén otra vez y
  • fui al templo a orar.

Ese día yo vi una visión.

18 En esa visión yo vi a Jesús.

Jesús me dijo:

“Las personas de Jerusalén no creerán tu testimonio de mí.

Por eso tú debes salir de Jerusalén rápido”.

19 Yo dije a Jesús:

“Señor, los judíos saben que yo causé muchos problemas para los creyentes.

Por ejemplo

  • yo fui a todas las sinagogas a buscar a los creyentes,
  • yo golpeé a los creyentes y
  • yo llevé a algunos creyentes a la cárcel.

20 ¿Recuerdas a Esteban, tu siervo y testigo?

Los judíos mataron a Esteban.

Yo estaba allí y estuve de acuerdo con la muerte de Esteban.

Yo ayudé a cuidar la ropa de los judíos que mataron a Esteban”.

22.17-30 Los judíos se enojan mucho con Pablo

21 Pero Jesús me dijo:

“Tú debes salir de Jerusalén ya.

Tú predicarás a las personas no judías.

Por eso yo te envío lejos de Jerusalén”.

22 Los judíos prestaron atención a Pablo hasta escuchar que Pablo predicaría a las personas no judías.

Pero después los judíos se enojaron y empezaron a gritar:

“¡Maten a Pablo!

¡Pablo debe morir!”.

23 Algunos judíos se quitaron sus capas y lanzaron las capas y polvo al aire.

Esto mostraba que esos judíos estaban muy enojados.

24 Claudio Lisias dijo a los soldados:

Yo quiero saber por qué los judíos están enojados.

Por eso ustedes deben

  • llevar a Pablo al castillo,
  • golpear a Pablo con una correa y
  • decir a Pablo:

“¿Qué pasó?

¿Por qué los judíos gritan estas cosas contra ti?”.

25 Los soldados amarraron a Pablo con cadenas.

Los soldados ya estaban listos para golpear a Pablo con una correa.

Pero Pablo dijo al capitán de los soldados:

Yo soy romano y tengo derechos.

Ustedes no pueden golpearme.

Ningún juez me ha condenado.

26 Después de escuchar estas palabras el capitán fue donde Claudio y dijo:

Tú no puedes golpear a Pablo.

Pablo es romano.

27 Claudio fue donde Pablo y dijo:

¿De verdad tú eres romano?

Pablo dijo:

Si, yo soy romano.

28 Claudio dijo:

Yo pagué mucha plata para tener los derechos de un romano.

Pablo dijo:

Yo tengo los derechos de un romano porque mis padres eran romanos.

29 Al escuchar que Pablo era romano, los soldados tuvieron mucho miedo.

Por eso inmediatamente los soldados se movieron hacia atrás, lejos de Pablo.

Claudio Lisias, el jefe de los soldados romanos también tenía mucho miedo.

¿Por qué?

Porque Claudio ordenó a los soldados poner cadenas a Pablo.

Pero era contra la ley amarrar con cadenas a un romano.

22.30 Pablo habla a los líderes religiosos

30 Claudio quería saber por qué los judíos estaban enojados con Pablo.

Por eso el día después, Claudio

  • ordenó a los soldados quitar las cadenas a Pablo,
  • ordenó a los miembros del Consejo Religioso venir a una reunión y
  • llevó a Pablo a esa reunión.