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Hechos 19

19.1-7 Unos creyentes reciben al Espíritu Santo

1, 7 ¿Recuerdas a un predicador de nombre Apolo?

Apolo estaba en Grecia, en una ciudad de nombre Corinto.

En ese mismo tiempo, Pablo viajó por las montañas del Oeste de Turquía y llegó a la ciudad de Éfeso.

Allí Pablo encontró a 12 hombres.

Esos hombres eran creyentes.

2 Pablo dijo:

¡Qué bueno que ustedes ya sean creyentes!

¿Ustedes ya recibieron al Espíritu Santo?

Los hombres dijeron:

Nosotros no entendemos tu pregunta.

¿Quién es el Espíritu Santo?

3 Entonces Pablo dijo:

¿Qué aprendieron ustedes antes de ser bautizados?

Los hombres dijeron:

Nosotros escuchamos el mensaje que predicó Juan el Bautista.

Por eso nosotros nos bautizamos.

4 Pablo dijo:

Juan bautizó a las personas que querían arrepentirse.

Pero Juan también dijo:

“Ustedes deben creer en otro hombre que vendrá pronto”.

Ese hombre es Jesús, el Cristo.

5 Los 12 hombres escucharon esto y Pablo los bautizó con la autoridad de Jesús.

6 Después Pablo puso sus manos sobre la cabeza de cada uno de los hombres.

En ese momento, el Espíritu Santo vino sobre cada uno de los hombres.

Los hombres empezaron a hablar diferentes idiomas y a decir profecías.

19.8-10 Pablo predica en Éfeso

8 Todos los sábados, por un tiempo de tres meses, Pablo iba a la sinagoga de los judíos en Éfeso.

Pablo no tenía miedo y predicaba con mucha valentía.

Pablo quería ayudar a todas las personas de la sinagoga a entender el gobierno de Dios y a creer en Jesús.

9 Pero algunos judíos de la sinagoga de Éfeso

  • no quisieron creer el mensaje de Pablo sobre Jesús y
  • hablaron en la sinagoga en contra de Pablo, de su mensaje y de los creyentes.

Por eso Pablo se fue de la sinagoga.

Pero algunas personas de la sinagoga sí creyeron el mensaje de Pablo.

Esas personas fueron con Pablo a la escuela de un hombre de nombre Tirano.

Pablo y los creyentes se reunían en esa escuela todos los días para hablar de Jesús.

10 Pablo y los creyentes se reunieron en la escuela de Tirano por 2 años.

Por eso todas las personas (judías y no judías) del Oeste de Turquía escucharon el mensaje del Señor Jesús.

11 Dios estaba ayudando a Pablo a hacer milagros especiales.

12 Por ejemplo, las personas querían tener pañuelos o cualquier ropa de Pablo.

Las personas llevaban los pañuelos o la ropa a las personas enfermas.

Después de tocar los pañuelos o la ropa,

  • los enfermos se sanaban y
  • los espíritus malos salían.

19.11-20 Los hijos de Esceva y el espíritu malo

13 Unos hombres judíos viajaban a diferentes pueblos y ciudades para echar fuera espíritus malos.

Estos hombres empezaron a usar la autoridad del Señor Jesús.

Los hombres decían a los espíritus malos:

Pablo predica de Jesús.

Con la autoridad de ese Jesús, yo doy una orden a ustedes:

“Salgan de esta persona”.

14 Un hombre de nombre Esceva era un sacerdote judío importante.

Esceva tenía 7 hijos.

Estos hombres viajaban a otros pueblos para echar fuera espíritus malos.

Los 7 hombres escucharon que el nombre de Jesús tenía poder.

Entonces los 7 hombres empezaron a decir a los espíritus malos:

Con la autoridad de Jesús yo te ordeno salir de esta persona.

15 Pero un día, un espíritu malo dentro de un hombre dijo a los 7 hombres:

Jesús y Pablo tienen autoridad.

Pero ustedes no.

Yo no debo obedecer sus ordenes.

16 El hombre con el espíritu malo

  • saltó sobre los 7 hombres y
  • peleó con ellos.

El espíritu malo dio mucha fuerza a este hombre.

Por eso el hombre con el espíritu malo ahora era más fuerte que todos los 7 hombres juntos.

El hombre con el espíritu malo

  • golpeó muy fuerte a los 7 hombres y
  • les quitó la ropa.

Los 7 hombres salieron corriendo de la casa, desnudos y heridos.

17 Todos las personas de Éfeso (judías y no judías)

  • escucharon la historia de los 7 hijos de Esceva,
  • se asustaron mucho y
  • entendieron que el Señor Jesús tenía mucha autoridad y mucho poder.

18 Por eso muchas personas creyeron en Jesús.

Esos nuevos creyentes contaron todos sus pecados delante de las personas.

19 Antes algunos de los nuevos creyentes usaban magia y tenían libros de magia que valían muchísimo dinero.

Estos nuevos creyentes trajeron todos sus libros de magia y quemaron los libros.

Todas las personas vieron esto.

20 Muchas más personas vieron el poder de Dios y creyeron el mensaje de salvación.

19.21-41 Problemas en Éfeso

21 Después de todo esto, Pablo decidió

  • salir de Éfeso,
  • viajar por las ciudades de Grecia y
  • viajar a Jerusalén.

Pablo dijo:

Yo visitaré estas ciudades y después yo iré a Roma.

22 Timoteo y Erasto ayudaban a Pablo.

Pablo envió a Timoteo y a Erasto al Norte de Grecia.

Pero Pablo se quedó en el Oeste de Turquía más tiempo.

23 Poco después los creyentes de Éfeso tuvieron un gran problema.

24 Había un hombre de nombre Demetrio.

El trabajo de Demetrio era hacer ídolos y otras cosas con plata (el metal de mucho valor).

Demetrio hacía y vendía copias pequeñas del templo de la diosa Artemisa.

Demetrio pagaba mucho dinero a los trabajadores que ayudaban con ese trabajo.

25 Demetrio invitó a todos los hombres que hacían cosas con plata a una reunión.

En esa reunión Demetrio dijo:

Ustedes saben que nosotros ganamos mucho dinero por este trabajo.

26 Pero ahora nosotros tenemos un problema.

¿Cuál?

El mensaje de Pablo.

Pablo dice:

“Los hombres hicieron estos ídolos.

Estos ídolos no son dioses de verdad”.

Ustedes han escuchado su mensaje y han visto las cosas que han pasado.

Muchas personas aquí en Éfeso, y en casi todo el Oeste de Turquía, ahora creen el mensaje de Pablo.

27 Ahora las personas de todo el Oeste de Turquía y en toda la Tierra adoran a Artemisa.

Su templo es muy importante.

Pero, tal vez las personas continúan creyendo el mensaje de Pablo.

Entonces,

  • el templo de Artemisa ya no será importante,
  • las personas pensarán que Artemisa no es una diosa importante,
  • las personas dirán cosas malas en contra de nuestro trabajo y
  • nosotros perderemos mucho dinero.

28 Los trabajadores escucharon a Demetrio y se enojaron mucho.

Todos gritaron:

¡Nuestra diosa Artemisa de Éfeso es grande e importante!

29 Más y más personas de toda la ciudad empezaron a caminar hacia el estadio gritando:

¡Nuestra diosa Artemisa de Éfeso es grande e importante!

En el camino las personas vieron a Gayo y Aristarco.

Gayo y Aristarco eran amigos de Pablo y habían viajado con Pablo desde el Norte de Grecia.

Las personas de la ciudad estaban muy enojadas.

Por eso las personas atacaron a Gayo y a Aristarco y llevaron a la fuerza a Gayo y a Aristarco al estadio.

30 Después de escuchar eso, Pablo quería ir al estadio para hablar con las personas.

Pero los otros creyentes dijeron a Pablo:

Tu no debes ir al estadio.

31 Algunas personas importantes del gobierno eran amigos de Pablo.

Ellos enviaron un mensaje a Pablo que también decía lo mismo:

Tú no debes ir al estadio.

32 Las personas del estadio continuaron gritando.

Algunas personas gritaban una cosa, otras gritaban algo diferente.

Muchas personas en verdad no sabían por qué estaban allí.

33 En el estadio había un hombre judío de nombre Alejandro.

Los judíos empujaron a Alejandro al frente de las personas.

Alejandro quería explicar que los judíos no eran culpables de este desorden.

Alejandro levantó las manos para poder hablar.

34 Pero las personas sabían que Alejandro era judío.

Por eso, por un tiempo de 2 horas todos gritaron:

¡Nuestro diosa Artemisa de Éfeso es grande e importante!

35 Después, una persona importante de la ciudad gritó:

¡Silencio!

Las personas no gritaron más.

El hombre dijo:

Hombres de Éfeso, todos saben que

1. El templo de nuestra diosa Artemisa está aquí en Éfeso.

2. Las personas vienen aquí para adorar a Artemisa.

3. La piedra especial cayó del cielo y ahora está aquí en

Éfeso.

4. Nosotros cuidamos el templo y la piedra.

36 Ninguna persona puede decir que estas 4 cosas son falsas.

¡Calménse y no hagan nada contra Gayo y Aristarco!

37 Estos hombres

  • no han hecho nada malo,
  • no han robado cosas del templo de la diosa Artemisa
  • ni han hablado contra la diosa Artemisa.

Pero ustedes trajeron a estos hombres a este estadio.

38-39 Tal vez Demetrio, sus trabajadores o ustedes piensan que Gayo y Aristarco han hecho algo malo.

Entonces ustedes deben ir delante de un juez y explicar la situación.

Nosotros tenemos jueces y personas de autoridad que pueden decidir qué hacer.

40 Todos ustedes están aquí reunidos gritando.

Pero no hay ninguna buena razón para hacer este desorden.

Los gobernantes romanos pueden pensar que nosotros somos responsables por este desorden.

41 Todos ustedes deben irse a sus casas ya.

Después de estas palabras todas las personas se fueron del estadio.